Por momentos quisiera desaparecer un rato. No tener que estar disponible para nadie, ni siquiera para mis propios pensamientos.

 

Porque también estoy cansado de mi cabeza. De darle vueltas a todo, de sentir las cosas con tanta intensidad, de imaginar escenarios que ni siquiera han ocurrido y terminar con miedo de mis propias ideas.

 

Quiero que todo se detenga un momento. Incluso yo.

 

Pero miro la hora. Tengo cosas que hacer y personas esperando.

 

Así que respiro, me arreglo, abro la puerta y saludo como si nada.

 

Y nadie se entera de que hoy no quería hablar con nadie.