¿Quién tiene el poder en tu relación… el amor o el dinero?
- 15 Apr 2026
- Mtra. Gema Santiago, Psicoterapeuta. 2026
- 7 Min
Guapo, joven y con dinero ¿qué más quieres, Baldomero?
Hoy haremos un viaje reflexivo a través del colorido lenguaje mexicano de los dichos y refranes populares. Empecemos:
Cuanto tienes cuanto vales.
Con dinero baila el perro.
El que paga, manda.
Cuando el dinero sale por la puerta el amor salta por la ventana.
El dinero no da la felicidad, pero cómo ayuda.
Eres guapo, joven y con dinero ¿qué más quieres, Baldomero?
Estas frases dejan entrever, más que el folclor mexicano, las creencias respecto al dinero con una fuerte connotación de poder. Estas creencias, llevadas a la relación de pareja, tienen efectos que se manifiestan claramente en la vida cotidiana, por lo que vale la pena empezar a evaluar si las ideas que tienes son incluyentes o excluyentes.
Centrando esta temática en la pareja, tiene sus peculiaridades, ya que normalmente no se habla del tema; simplemente se vive el día a día hasta que distintos aspectos empiezan a causar malestar y aparecen discusiones y conflictos en relación con un tema mayor: el dinero. Cabe aclarar que el dinero por sí mismo no causa problemas; los conflictos aparecen cuando existe dificultad para hablar de él sin pelear, así como cuando no hay acuerdos claros para contribuir al bienestar financiero mutuo.
Así, uno de los principales puntos de discusión es la falta de dinero, el uso que se le da y la forma de gastarlo de cada uno de los miembros de la pareja. En ocasiones, esto lleva a ciertos gastos o acciones que indirectamente son utilizados para presionar, controlar y, en el peor de los casos, castigar al otro integrante de la pareja. Si de ejemplos se trata, ¡uff!, son vastos. Uno de los más cotidianos e invisibles es el ingreso económico: quien gana más suele tener el control; es decir, quien decide qué se hace y qué no, a dónde se va, en qué se gasta o si se ahorra.
Es momento de introducir algunas preguntas para reflexión personal.
¿Alguna ocasión, al estar con tu pareja, has tolerado la elección de dónde comer, qué platillo pedir, una actividad que no deseabas hacer o incluso un cambio de residencia sin tu opinión, porque te has sentido sin autoridad económica para sugerir algo distinto?
¿Tus gustos o deseos respecto a una actividad o decisión quedan reprimidos porque no tienes el dinero para pagarlo o dependes de tu pareja?
¿Has tolerado situaciones que, de no hacerlo, implicarían perder privilegios económicos dentro de la relación?
¿A dónde te llevaron tus reflexiones?
Quizá a pensar cómo te estás relacionando con tu pareja, o el papel que juega el dinero en tu relación, o tal vez en tus propias creencias sobre el dinero.
Por ahora hablaré de este último punto: las creencias. Sobre todo porque no las cuestionamos y casi siempre las damos como verdaderas. De ahí que quien gana más suele creer que, al aportar más, tiene mayor poder de decisión. Y quien gana menos —o no tiene un ingreso remunerado— también puede sostener esta misma idea como válida. Así, uno se encarga del dinero “pequeño” (la administración del hogar o los gastos mínimos), mientras el otro asume el dinero “grande” (viajes, propiedades, colegiaturas y otros gastos considerables).
Si bien el dinero tiene distintos usos como vía y como medio para satisfacer necesidades, nuestra relación con él —y aún más en la pareja— se distorsiona porque cada uno le atribuye significados distintos.
Desde mi punto de vista, una de las traducciones incorrectas es que el dinero se ha convertido en un medio para expresar emociones y sentimientos. Por ejemplo: “si te doy un regalo significa que te quiero”, especialmente cuando el valor económico aumenta… o al menos eso se espera. Pero ¡cuidado! cuando eso no ocurre, deja de ocurrir o cuando se espera a la inversa: “tú, al ser mi pareja, también deberías darme regalos —entre más costosos mejor o pequeños detalles constantes— para que yo sepa que me quieres”.
Otra traducción frecuente es “sentirme querido o valorado en relación con lo que tengo”. Si tengo más, valgo más; si mi pareja tiene más, vale más. A veces esto incluso forma parte del atractivo en el noviazgo. Sin embargo, las dificultades aparecen cuando estas ideas se vuelven constantes en uno o ambos integrantes de la pareja, y la economía —individual o compartida— se ve afectada por adquisiciones que superan los ingresos, por deudas, o cuando el dinero no alcanza para lo básico, pero se prioriza una buena adquisición material.
Es en estos momentos cuando uno de los integrantes comienza a darse cuenta de que algo está pasando en la relación, ya que las discusiones se vuelven cada vez más evidentes: quién gastó qué, quién aportó, quién no, por qué falta dinero o por qué no alcanza. Justo aquí cobra sentido uno de los refranes mencionados al inicio: “Cuando el dinero sale por la puerta, el amor salta por la ventana”. Es así como el conflicto y el desgaste emocional relacionados con el dinero comienzan a impactar directamente otras áreas de la relación.
Si esta lectura te ha generado inquietud o curiosidad, puedes comenzar preguntándote:
¿Qué significa el dinero para ti?
¿Y qué significa para tu pareja?
A veces, entender esto no solo cambia la forma en la que administramos el dinero… sino la forma en la que nos vinculamos.
Este texto —versión revisada y actualizada— forma parte de mi trabajo clínico desarrollado a lo largo de mi trayectoria profesional.